1 enero 1936

REUNIÓN EN PALACIO DEL NUEVO GABINETE

Portela Valladares

El mal tiempo y la lluvia que nos acompañan no han sido obstáculo para que miles de madrileños se congregaran en la Puerta del Sol para presenciar la caída de la bola del reloj de Gobernación y tomar las tradicionales uvas de comienzos de año. Desde el balcón del ministerio, el señor Portela Valladares saludó a los presentes. El presidente del Consejo y ministro de la Gobernación, que obsequió con un lunch, «espléndidamente servido», a autoridades y periodistas, expresó en los brindis su confianza en un año «próspero y feliz para la República» y afirmó que «España necesitaba un Gobierno que supiera llevarla por los derroteros de libertad, democracia y justicia que él anhelaba».[1] Al lunch asistieron los ministros de la Guerra, general Nicolás Molero, Obras Públicas y Comunicaciones, don Cirilo del Río, Trabajo, señor Becerra, e Industria, Comercio y Agricultura, señor Álvarez Mendizábal, que actuará, además, como secretario del Consejo. El señor Portela, que afirmó no estar acostumbrado a trasnochar, se retiró pronto a sus habitaciones del hotel Palace habida cuenta de los compromisos que le esperaban en la mañana de hoy. Tanto para él como para el recién estrenado Gobierno, el año comenzará con Consejo de Ministros en Palacio presidido por el presidente de la República, señor Alcalá-Zamora.

Consejo en Palacio

Como es costumbre en su primera reunión, Su Excelencia ha repasado ante el nuevo Gabinete la política nacional e internacional. En el plano internacional, el señor Alcalá-Zamora ha resaltado que, «por fortuna, cada vez se alejan más los temores de una perturbación de tipo europeo» y que «España está decidida a mantener en Ginebra su posición de neutralidad». Por lo que respecta a la política interior, el presidente se ha detenido en explicar la significación del nuevo Gobierno. La misión de este Gabinete «no es la de ganar unas elecciones, sino la de presidirlas rectamente» y hacer posible una política de centro.[2] El jefe de Estado opina que cumple con su deber al señalar una orientación de cordura y someterla a la decisión de las urnas.[3]

El resto del Consejo ha estado dedicado a repasar el cese y nombramiento de altos cargos. Igualmente, se han aprobado dos expedientes de Guerra, uno de ellos relativo a la adquisición de 21 aparatos integrales giroscópicos del capitán Haya por importe de 147.000 pesetas. El invento del aviador español permite a los pilotos una navegación segura en vuelos sin visibilidad exterior. 

Al concluir el Consejo de Ministros, el jefe del Gabinete ha confirmado la firma presidencial del decreto que prorroga la suspensión de las sesiones de Cortes durante todo el mes de enero. Las sesiones llevan suspendidas desde el pasado 17 de diciembre. Don Santiago Alba, presidente de las Cortes, ha manifestado que, pese a estar personalmente de acuerdo con el dictamen técnico emitido por la secretaría de la Cámara, contrario a dicha suspensión, la mayoría de los grupos parlamentarios la encuentran justificada y oportuna, por lo que no le cabe sino cumplirlo.[4]

Crisis del primer Gabinete Portela

Los ecos de la crisis del anterior Gabinete del señor Portela vienen a esclarecer lo sucedido. Sus dieciséis días de existencia parecen ahora incontables a la luz de las revelaciones que dan razón a quienes consideraban imposible su continuidad. No es aventurado señalar que la crisis comenzó a fraguarse si no en el momento de su constitución, sí diez días después cuando don Alfredo Martínez, dimisionario ministro de Trabajo, Sanidad y Justicia se reunió con el señor Gil-Robles en la sede de Acción Popular y el señor De Pablo Blanco, titular entonces de la cartera de Industria, Comercio y Agricultura, más discretamente, hizo lo propio al recibir en su casa al jefe de la Ceda.[5] Sea cual fuere el resultado de tales reuniones, al día siguiente la Ceda anunció que no admitiría en su coalición electoral a ningún partido con representación en el Gobierno. Se colocaba así frente al partido de centro preconizado por los señores Portela Alcalá-Zamora por considerarle —con razón, decimos nosotros— incompatible con el frente contrarrevolucionario que promueve de cara a las próximas elecciones.[6] Tales circunstancias complicaban tanto el futuro político de estos señores como el de otros ministros; léase, Chapaprieta, titular de Hacienda, o Martínez Velasco, ministro de Estado y líder de la minoría agraria, vinculado con Gil-Robles

El último episodio de la intriga tuvo lugar el 29 del pasado mes. Los señores Martínez VelascoChapaprieta De Pablo almorzaron, junto con sus esposas, en casa del primero de ellos. Al parecer, dolidos por la amenaza de la Ceda de excluirles de sus listas electorales decidieron aplazar el planteamiento de la crisis a fin de que no se viera en ella la imposición de fuerzas externas.[7] En consecuencia, al día siguiente no creyeron oportuno destaparse en el «Consejillo» que celebra el Gobierno cuando es convocado en Palacio previo a su reunión con el presidente de la República. 

El Consejillo discurría por los cauces normales. El señor Portela había sometido a votación y se habían aprobado los dos decretos que más le urgían: la prórroga de los presupuestos y la disolución de las Cortes. Nada hacía entrever que el Gobierno vivía sus últimos momentos cuando el jefe del Gabinete hizo lo que sus oponentes habían decidido evitar. Convencido de que «con tales hombres ni aun perdiendo podía continuar», de que sus energías se consumían en luchas internas y no en gobernar,[8] anunció para sorpresa de todos que el Gabinete estaba en crisis. Como motivo adujo el haberle sido remitida por el ministro de Marina, vicealmirante De Salas González, la carta de su dimisión. De Salas se mostró dispuesto a retirarla pero, agradeciéndole el gesto, el señor Portela no consintió. 

Llegados al desenlace, parece ser que los ministros trataron de evitar por todos los medios una crisis que les dejaba descolocados cara las próximas elecciones. A Portela le había salido bien la jugada que tenía planeada. Con los decretos firmados en su mano, sentenció que si a un ministro le era permitido dimitir, lo mismo era válido para el jefe del Gobierno. Salió de la sala, pidió ser recibido por Alcalá-Zamora y le presentó su dimisión.

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