1 marzo 1936

PASIONES Y EMOCIONES

Emocionado, enfermo, agotado; con la misma boina calada que hace más de un año llevara camino de la condena, don Luis Companys ha vuelto a Barcelona. Sus paisanos, su tierra, sus comarcas; toda Cataluña y sus gentes, unidas en un único anhelo, hermanadas en un mismo espíritu, le han dado la bienvenida. La fragilidad de un cuerpo sometido al cautiverio y de un alma presa de la emoción no han hecho sino engrandecerlo. Su «aire suave y triste de mártir» representará a partir de ahora la «fuerza espiritual casi indestructible de Cataluña».[1] El honorable Companys no sólo ha regresado; con él ha llegado la encarnación de un símbolo.

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