10 enero 1936

PORTELA MATIZA SUS PALABRAS Y PRIETO ADVIERTE SOBRE LAS VINDICACIONES MORALES

Indalecio Prieto

Tres atentados en Madrid han venido a interrumpir la normalidad de los últimos días. A las seis y media de la tarde ha caído muerto, por disparos, Agapito Martín, albañil que trabajaba en una obra de la calle de Modesto Lafuente, y heridos su hermano y una tercera persona. Se da la circunstancia de que tanto el fallecido como su hermano se habían afiliado recientemente a la UGT. Algunas informaciones presentan los hechos como una venganza por haber rehusado la víctima secundar la huelga general de octubre de 1934.[1] Revelaciones complementarias ven en este crimen la mano de la Confederación Nacional del Trabajo. A nadie se le ocultan los fuertes desacuerdos que existen entre obreros de ambas organizaciones.[2] Se da la circunstancia de que hora y media más tarde, de regreso a su domicilio, ha sido tiroteado por dos individuos otro albañil, Manuel Romero, que trabajaba en una obra cercana a la de los anteriores, en la calle de Alonso Cano. Ha recibido una herida en el brazo de carácter grave. Romero se había afiliado hacía unos días a la CNT.[3]

La víctima del tercer atentado ha sido Pedro de la Torre, vendedor de Mundo Obrero, atacado por tres desconocidos cuando ofrecía el diario del Partido Comunista en la calle del Arenal. Mientras uno de los agresores le arrancaba los periódicos, los otros dos le han arrojado al suelo donde ha recibido una puñalada.[4]

Portela se repliega ante Gil-Robles

El señor Portela Valladares ha matizado las duras palabras que en días pasados vertiera sobre el señor Gil-Robles. No guarda hacia él sentimiento alguno poco amistoso y le considera «un hombre de orden que siente el principio de autoridad».[5] La confrontación entre los señores Portela Gil-Robles alcanzó su punto más alto el martes con el envío por el gobernador de Orense de las declaraciones del jefe de la Ceda al fiscal por un posible delito de injurias contra el jefe de Estado.[6] El propio señor Portela se encargó de hacer pública la actuación del gobernador. Recordó, al respecto, que el señor Gil-Robles no pertenecía a la Diputación Permanente de las Cortes. Era, por lo tanto, «un ciudadano cualquiera al que se podía meter en la cárcel». Luego añadió: «para mí no hay diferencias ante la Ley y todos los ciudadanos son iguales».[7]

El cambio de actitud del señor Portela bien parece estar relacionado con la firma inminente del pacto electoral de los Republicanos con partidos y organizaciones obreras. En dicho pacto no tienen cabida las candidaturas preconizadas por el Gobierno. El adelanto de la cita electoral ha privado al señor Portela del tiempo necesario para construir su alternativa centrista. La única posibilidad real que le queda —no exenta de grandes dificultades— es acordar con el señor Gil-Robles y la Ceda la presencia de sus partidarios en sus listas.

A primera hora de la tarde se han entrevistado en el Congreso los señores Gil-Robles Santiago Alba. El presidente de las Cortes es el encargado de la dirección electoral de los radicales. A la salida de la reunión nada ha declarado el señor Gil-Robles sobre posibles acuerdos entre ambas formaciones. Lo que sí ha confirmado es el replanteamiento de su presencia en la campaña electoral.[8] Tal y como ayer anunció el señor Giménez Fernández, por acuerdo de los exministros de la Ceda su jefe limitará sus intervenciones al discurso del próximo domingo en Córdoba y probablemente otro, al final de la campaña, en Madrid. En lo que resta de mes el señor Gil-Robles tenía comprometidos una treintena de actos, lo que impedía su necesaria presencia en la capital.[9]

Entre los movimientos que se están produciendo de cara al pacto de las derechas resulta revelador del clima existente lo dicho por el señor Martínez de Velasco. Agasajado por sus compañeros en una comida el hotel Nacional, el exministro de Estado y jefe del Partido Agrario, ha indicado que entrarán en la coalición de derechas siempre que puedan hacerlo por la puerta grande, es decir, «con plena dignidad y sin compromisos posteriores». Más explícito, si cabe, ha sido el también exministro don José María Cid. Tras destacar la trayectoria política del homenajeado, cuyo más reciente éxito ha sido la firma, el pasado diciembre, del convenio de Comercio y Navegación con Francia,[10] ha asegurado que aunque son republicanos, irán en coalición con partidos de derecha independientemente de sus tendencias monárquicas, pero lo harán sin admitir superioridad por parte de otros, con la honradez que les caracteriza por delante, «sin chalaneos ni farsas», sin aceptar el juego tergiversado de quién los critica en la prensa para después llamarlos a negociar en privado.[11]

Elecciones y políticos en presidio

A la espera de la firma del pacto electoral de izquierdas, el señor Indalecio Prieto ha querido adelantarse a un debate que, a buen seguro, se planteará con toda su crudeza en los próximos días: la inclusión en las listas electorales de destacados políticos que permanecen presos. Según el dirigente socialista, la victoria del frente popular, «posible, pero no fácil», no será tan sobrada como para permitirse desperdiciar actas, aunque sea con el noble propósito de «vindicar moralmente» a determinadas personas. De acuerdo con su planteamiento, la amnistía, base imprescindible sin la que sería insostenible el acuerdo del bloque izquierdista, correría peligro si la Esquerra Catalana decidiese incluir al señor Companys y «a los miembros del Gobierno de la Generalidad en presidio, si los socialistas estimasen oportuno incorporar a quienes fueron diputados, por ejemplo, los señores González Peña Teodomiro Menéndez e Izquierda Republicana hace lo propio con el expresidente de la Diputación de Oviedo, señor Valentín Álvarez». Se perderían veinte o treinta actas y con ello, quizá, la posibilidad de alcanzar el objetivo que se persigue: que salgan de la cárcel. «Dejemos libres los impulsos del corazón; pero hagamos las cosas con la cabeza», concluye el señor Prieto.[12]

Guillermo Ramírez