5 enero 1936

LAS MANIOBRAS CONTRA EL GOBIERNO SE EXTIENDEN A LOS CUARTELES

Valle-Inclán

Se abre paso una interpretación más plausible sobre la petición en las Cortes para procesar al jefe del Gobierno y al Gabinete. La intención parece ser no tanto del procesamiento de los implicados, objetivo lejano, difícilmente alcanzable, como provocar la crisis del Ministerio o incluso la disolución del Parlamento. Sea como fuere, la tensión aumenta conforme se suceden los días. La actitud adoptada por el señor Pérez Madrigal busca agrandarla. El periodista y diputado radical sostiene el derecho de todos los miembros de la Cámara a asistir, sin voz ni voto, a la Diputación Permanente. Comoquiera que ya ha invitado a muchos parlamentarios, el mismo señor estima que por motivos de capacidad lo más conveniente sería que se celebrase en el hemiciclo.[1]

La maniobras contra el Gobierno se han extendido del Congreso a otras instituciones. Fuentes dignas de la más alta consideración señalan que el general Villegas Montesinos, al frente de la quinta División Orgánica con cabecera en Zaragoza, «se encontraría detrás de un grupo de militares conspiradores». Confidentes de la Dirección de la Guardia Civil y del Ministerio de la Guerra han tenido noticias de reuniones clandestinas de oficiales del Ejército en Zaragoza, Madrid y alguna otra provincia.[2] Parece ser que han redactado un manifiesto en el que afirman que «ante un conflicto de poderes ellos se colocan del lado del Parlamento y en contra del jefe del Estado y del Gobierno».[3] Dichas fuentes razonan que tras el general Villegas, al que muchos no consideran dotado de determinación suficiente para iniciar un movimiento de esta naturaleza, se hallaría el también general de división Manuel Goded

Fallece Valle-Inclán

A las dos de la tarde de hoy ha fallecido don Ramón María del Valle-Inclán en Santiago de Compostela. Llevaba ingresado en el sanatorio del doctor Villar Iglesias desde el pasado mes de marzo. Un ataque de uremia ha sido la causa inmediata de su muerte. Hasta el día anterior, el ilustre autor había estado trabajando en «El trueno dorado», obra histórica continuación de su serie «El ruedo ibérico», que tenía intención de publicar en el diario Ahora, de Madrid.[4] Las últimas palabras que de él nos han sido transmitidas muestran bien a las claras la entereza de su pensamiento y su fuerte personalidad. «Ni cura discreto, ni fraile humilde, ni jesuita sabiondo», ha dispuesto. Luego ha añadido: «me muero, pero lo que tarda esto». «Aquí he cogido mi enfermedad hace treinta años, aquí he vivido, aquí dejo mi cuerpo».[5]

Llegada la República, el señor Valle-Inclán presentó su candidatura a Cortes Constituyentes por Pontevedra. «Es la única derrota que he sufrido que me abochorna», declaró tras no haber conseguido el acta. En 1932 fue nombrado director de la Academia española de Bellas Artes en Roma por el Consejo Superior de Cultura. Delicado de salud,[6] permaneció en dicha ciudad hasta octubre de 1934. De regreso, tras una breve estancia en Madrid, se asentó en Galicia.[7]

Valle-Inclán, uno de los grandes escritores de nuestra lengua, se va sin pertenecer a la Academia Española. Su director, don Ramón Menéndez Pidal, ha declarado que «ha sido una lástima que haya muerto sin haber entrado en la Academia». «Lo queríamos muchos y eran reconocidos sus méritos; pero circunstancias ajenas a la voluntad de la Corporación impidieron hasta ahora realizar este acto de justicia», ha manifestado, arguyendo como motivo la forma en la que se desenvuelven las elecciones. Finalmente, se ha disculpado de escribir unas cuartillas sobre el finado arguyendo el tantísimo trabajo que tiene inaplazable.[8]

Entre las numerosas declaraciones sobre el fallecimiento del ilustre literato que han llegado a nosotros queremos destacar las de don Fernando de los Ríos, actual presidente del Ateneo de Madrid. Como se recordará, el señor Valle-Inclán fue presidente de dicha institución en 1932, tras dejar el puesto el señor Azaña. «No es este el momento de juzgar su personalidad, complejísima y tan sensible a los fenómenos de la vida literaria como para los anhelos de la vida civil». «En los últimos veinte años de su vida fue dando a sus preocupaciones políticas un tono cada vez más humano y mayor valor protestatario contra las injusticias. Los hechos ocurridos en 1934 conmovieron de tal suerte a Valle-Inclán, que hicieron brotar de su verba rica y llena de facundia imprecaciones bellísimas que nunca olvidaremos quienes le hemos escuchado».[9]

Nunca más volveremos a oír de sus labios la fantástica explicación sobre la pérdida de su brazo. «Fue en la selva. Estaba sólo, indefenso, perseguido por un León. Me lo arranqué y doné como ofrenda de paz a mi enemigo.[10]