6 enero 1936

REGALOS DE LOS MAGOS DE ORIENTE

Calvo Sotelo

Las máximas autoridades de la República han participado en el tradicional reparto de juguetes que se celebra este día. El señor Alcalá-Zamora lo ha hecho en dos grupos escolares construidos por la República, el Nicolás Salmerón y el Giner de los Ríos. Por su parte, el señor Portela Valladares se ha desplazado hasta al municipio de Carabanchel, al suroeste de la capital por el mismo motivo. Podrían no ser éstos los únicos presentes dejados por el jefe del Gobierno. Probablemente, los políticos tendrán también su ansiado regalo. Pero vayamos por partes y repasemos algunas de las muchas noticias políticas que ha dejado el día. Comenzaremos por los actos celebrados por los partidos de la derecha.

En el teatro Principal de Ávila ha hablado el señor Calvo Sotelo, de Renovación Española. Con su provocador estilo, el líder monárquico ha sentenciado que «la revolución española ha sido la más desastrosa de todas, incluso la francesa y la rusa, pues éstas iban contra los regímenes políticos y la Española ha ido contra la misma nación». «Terminado el acto se ha celebrado un banquete, en el que no ha habido discursos por disposición gubernativa».[1]

Tampoco el señor Gil-Robles, de gira por el noroeste de España, ha podido concluir su discurso. A su paso por el municipio de Chantada, el jefe de la Ceda ha recibido pitidos y mueras a su persona. Los revoltosos han sido despejados por la Guardia Civil. El acto programado en Lugo, el tercero en el que intervenía hoy, ha sido suspendido por el delegado gubernativo tras llamar varias veces la atención al orador por sus continuos ataques contra el jefe del Estado y el del Consejo.[2] El señor Gil-Robles ha cuestionado severamente el papel de la Presidencia en el actual momento político. «¿Para qué sirve la disolución de Cortes?», se ha preguntado. «Para que el jefe del Estado, poder moderador en los países democráticos esté en disposición de rectificar una determinada política, poniendo de acuerdo a la Cámara con la voluntad popular», se ha respondido. No es, a su juicio, lo que en este momento busca el presidente de la República, sino que persigue establecer un poder personal, hecho «más grave cuando se dice claramente que con ello busca crear una fracción de centro que sirva de equilibrio en la política española».[3]

Por la tarde se han reunido los jefes de los partidos republicanos, señores AzañaMartínez Barrio Sánchez-Román. Más allá de unificar su postura de cara a la Diputación Permanente, se han mostrado acordes en pedir el restablecimiento de la normalidad constitucional. Nada, dicen, justifica los estados de excepción vigentes en varias provincias, las prisiones gubernativas, la censura previa y que no estén restablecidos los Ayuntamientos legales del 12 de abril, sino que persistan Comisiones gestoras representantes únicamente del caciquismo monárquico. Esperan que el señor Portela reciba mañana a una representación de sus partidos para hacerle llegar sus peticiones.[4]

En las Cortes, la atención política se ha centrado en el comunicado del señor Alba. La presidencia rechaza la pretensión, surgida en los grupos de la derecha, de permitir la asistencia de diputados que no pertenezcan a la Diputación Permanente. Afirma que la Diputación no es una comisión parlamentaria más, sino un organismo con personalidad propia, con funciones distintas a las comisiones. En su artículo 31, el Reglamento de las Cortes faculta únicamente a los ministros, con voz pero sin voto, a asistir a sus sesiones, sin que incluya ninguna otra persona.[5]

Llamamiento al general Villegas

Sin embargo, ha sido a última hora de la tarde, tras el regreso del señor Portela de Carabanchel, cuando se han fraguado las decisiones más determinantes del día. Le esperaban el ministro de la Guerra, general Molero y el subsecretario de dicho ministerio, señor Martínez Cabrera. «Preguntado el ministro por si tenía en proyecto alguna combinación de mandos», confirmó que así era y que se sabrá en tres o cuatro días.[6] Por importante que sea el asunto, no parece que haya sido este el único tema sobre la mesa. Fuentes dignas de la más alta consideración señalan que tras insistentes noticias sobre su peligrosa postura contraria al Ejecutivo y al presidente de la República, el Gobierno ha ordenado, con carácter inmediato, presentarse en Madrid al general Villegas.[7]

Antes de abandonar Presidencia, el señor Portela Valladares ha mantenido una reunión con don Santiago Alba. El señor Alba ha declarado que se limitaba con ello a devolver la visita que ayer le hizo el jefe del Gobierno. Cualquiera calificaría como imposible que no hayan hablado sobre la reunión de mañana de la Diputación Permanente. Pasadas las nueve de la noche, el señor Portela ha visitado a Su Excelencia para recoger su firma. Nada tendría de extraño que mañana se hicieran públicas trascendentales noticias.

Juicio contra las milicias

En la sesión de la tarde del juicio que se sigue contra las milicias socialistas, el fiscal, teniente coronel Cayo Ortega, ha presentado su escrito de acusación. Tras afirmar que las milicias estaban «constituidas en contra toda norma de derecho para atacar al Gobierno legítimo», solicita pena de reclusión perpetua por rebelión militar para el teniente Máximo Moreno y el guardia de asalto José del Rey. A siete procesados los acusa de delito de conspiración y auxilio para la rebelión militar por lo que solicita quince años de reclusión. Rebaja a doce años la pena para diecinueve procesados que acusa únicamente de conspiración para la rebelión militar. Para tres acusados a los que imputa depósito de armas solicita tres años de prisión menor. Pide la absolución por falta de pruebas para el teniente José Castillo, el suboficial Perruca y el guardia Gañán. También la de don Eloy Álvarez por no estimar constitutivos de delito los hechos de los que se le imputan. El juicio proseguirá las diez horas de mañana.[8]

Guillermo Ramírez