8 enero 1936

FAVORABLE ACOGIDA DE LA CONVOCATORIA ELECTORAL

Miguel Maura

Las reacciones a la disolución de Cortes y convocatoria de elecciones no se han hecho esperar. Aunque las consideraciones son diversas, nadie, en el fondo, parece oponerse. Las opiniones más tibias han procedido de los partidos de las derechas. El más crítico ha sido don Miguel Maura, republicano conservador, quien ha atacado duramente al Gobierno por haberlo hecho el mismo día en que se discutía una proposición en su contra.[1] Su enfado le ha llevado a comparar la situación actual con la vivida en 1930. Algunos ven en la postura del señor Maura un enfrentamiento personal con el jefe del Gobierno y con el señor Alcalá-Zamora por no haberle sido encargada a él la formación del Gabinete.[2] Don Alejando Lerroux, también expresa un juicio severo: «más o menos disimuladamente, es un golpe de Estado».[3] La misma opinión tiene el señor Gil-Robles. En sintonía con lo que ayer avanzó el señor Giménez Fernández en la Diputación Permanente, el señor Gil-Robles recalca que es la segunda disolución de las Cortes realizada por el señor Alcalá-Zamora. Puesto que la Constitución no distingue entre unas y otras, la primera disolución fue la de las Constituyentes. Esta opinión, sobre una cuestión aparentemente formal, insistimos, acarreará graves consecuencias. Afirma, además, que «cuando la Constitución se vulnera así, no se podrá evitar que el pueblo le dé a las próximas elecciones carácter constituyente».[4] Igualmente, el señor Calvo Sotelo, de la minoría monárquica, recalca el carácter constituyente del próximo Parlamento, un parlamento que, a su juicio, no podrá ser disuelto por el presidente de la República.[5]

La extinción de la prerrogativa presidencial de disolver el Parlamento es compartida entre personalidades de las derechas. Así lo han expresado el señor Melquíades Álvarez, del Partido Liberal, el conde de Rodezno, tradicionalista y el señor Abilio Calderón, de la minoría agraria, quien ha calificado el acuerdo de «poco meditado» y pronostica «que dará lugar a una lucha apasionada para elegir un nuevo parlamento».[6] Más favorables a las elecciones se muestran los exministros de la Ceda, señores Lucia Casanueva. ¡A las elecciones! ha exclamado el primero de ellos, mientras el segundo ha mostrado su satisfacción.[7]

En los partidos republicanos la decisión del Gobierno parece mejor comprendida. El señor Horn Areilza, jefe de la minoría vasca, señala que no había otro remedio ya que «la poca inteligencia desplegada por los grupos de centro y de derecha hacían imposible la gobernación de la República». Estima, igualmente, que se abre un «período de lucha terrible». Otros partidos, acordes con el fondo, creen que debería haberse hecho con anterioridad; tres meses antes, según el exministro señor Miguel Santaló, de la Esquerra catalana. Similar postura mantiene el señor Barcia, jefe de la minoría de Izquierda Republicana, para el cual los decretos son plenamente constitucionales. Añade que no quedaba otro remedio.[8] En opinión del exministro, señor Lara Zárate, de Unión Republicana, el Gobierno ha tomado la decisión que «todo el mundo suponía y a nadie puede sorprender». «Ha utilizado un recurso que parecía tener hace tiempo» ante el «hecho evidente de que se le trataba de hacer la vida imposible».[9]

Junto el decreto de convocatoria de elecciones, el Gobierno ha derogado el estado de alarma en Asturias, Madrid y Barcelona y el estado de prevención en las siete provincias donde regía, además de Ceuta y Melilla. Preguntado el señor Portela durante el «cock-tail» servido, por Perico Chicoteen Presidencia, a ministros y periodistas con motivo el año nuevo,[10] ha señalado que el restablecimiento pleno de las garantías constitucionales se acompaña con el cese inmediato de la censura previa de prensa,[11] vigente desde hace dos años.[12]

Con la fecha de las elecciones fijada, se ha reunido el comité electoral de republicanos de izquierda y socialistas. Tras varios días de negociaciones, los señores Cordero Vidarte, del Partido Socialista, han anunciado que tenían otorgada la representación de las demás fuerzas obreras: UGT, comunistas y sindicalistas.[13] Los partidos republicanos han expresado siempre su preferencia por esta fórmula, en lugar de permitir la presencia de representantes de cada una de las fuerzas. También han acordado aligerar la redacción del programa electoral sobre las bases del documento republicano.[14]

Siguiendo con los partidos republicanos, a las seis de la tarde el señor Portela ha recibido a don Amós Salvador. El señor Salvador ha sido el encargado de transmitir al presidente del Gobierno la nota de los señores AzañaMartínez Barrio Sánchez-Román que recoge las condiciones mínimas para ir a la contienda electoral de los tres partidos republicanos. Estas condiciones se agrupan en los siguientes cinco puntos. Respeto escrupuloso a las garantías constitucionales. Libertad de los detenidos ilegal o gubernativamente, rápida solución a los procesos en curso por delitos político-sociales y apoyo del ministerio fiscal a la libertad provisional en los casos procedentes. Reapertura de los centros políticos y obreros. Cese de las comisiones gestoras municipales y reposición de los Ayuntamientos arbitrariamente suspendidos. Finalmente, solicitan al Gobierno dar instrucciones a todas autoridades y gobernadores civiles para cumplir ley y observar su deber de neutralidad política.[15]

Nombramientos militares

Con respecto a la información que recogíamos en días anteriores, relativa al posicionamiento de determinados militares contra el Gobierno, hoy podemos decir que tenemos su ratificación. El general Villegas ha sido cesado del mando de la quinta División Orgánica, y el general Miguel Cabanellas, de cuya posible implicación en los hechos carecemos de noticias, ha sido depuesto como inspector general de la Guardia Civil. Le sustituye el general de brigada Sebastián Pozas Perea. El Ministerio de la Guerra ha llevado numerosos nombramientos a la «Gaceta». Se interpretan como el deseo del Gobierno de colocar al frente de puestos destacados a personas de su confianza.

Guillermo Ramírez